Viaje a Cuba: Conociendo Habana la joven desde dentro

Coche Cuba
Coche Cuba

 

Desde que puse un pié en el aeropuerto empecé a confirmar con creces algunas cosas que se dicen de Cuba. Dentro del aeropuerto me puse a buscar una tarjeta para llamar al extranjero.

Toda una odisea, vueltas y vueltas, que allí la tienen, que el kiosco de más allá seguro que está; no llevaba una hora en Cuba y ya me había dado cuenta que los cubanos se toman el trabajo con un relajo asombroso, uno de cada tres negocios dentro del aeropuerto estaba con las cosas en los mostradores, con productos encima de los mesones, con las puertas abiertas, las luces prendidas, la radio sonando… y nadie adentro para atender. Los que atienden salen a dar una “vueltecita” para conversar con sus compañeros de trabajo, después uno se los puede encontrar en el negocio de al lado… o unos 20 negocios más allá. En alguna parte me hablaron del ritmo de hacer las cosas de los cubanos, pero hay que estar aquí, en esos días me podría haber robado no se sabe cuántas cosas, nadie se hubiera dado cuenta y en ninguna parte hay alarmas, la de la aduana es la única que he visto y probablemente sea la única en toda la isla. Después tuve que encontrar un teléfono que reconociera esas tarjetas internacionales. Otra odisea, en total fueron 2 horas. Lo bueno es que conocí todo el aeropuerto. Me lo sé de memoria.

 

La política en Cuba

 

Lo otro que me ha llamado mucho la atención, de las miles de cosas que son tan distintas y tan extraordinarias aquí, y que no cumplen para nada con los prejuicios de los extranjeros sobre los cubanos, es la facilidad con la que hablan de política y critican al gobierno de Fidel y Raúl Castro. Hay personas que lo hacen a la primera oportunidad, y ni siquiera son conscientes de la naturalidad con la que lo hacen. La señora de la casa en la que estuve los primeros días, con la que nos habíamos presentado recién, y no llevábamos ni 5 minutos hablando, pronto me dijo, “es que aquí las leyes las hacen allá arriba, ni consultan al pueblo”, creo que estaba hablando de las leyes de inmigración o de las casas que están autorizadas a recibir turistas. El asunto es que fue chocante hasta para mí, que algo sabía que hay muchos cubanos que son así, pero no pensé que se podían hacer esos comentarios de una forma tan espontánea, ahí me quedé de una pieza, porque si hay algo que uno no haría en una dictadura, sería criticar al gobierno delante de un completo extraño.

 

 

 

Después se acercó en una plaza una persona que decía ser de un comité de seguridad, me dijo que no cambiara monedas en la calle, que no me metiera con menores de edad “porque entonces, no vuelves más a tu país”. Me dijo que, por lo demás, no me preocupara de nada, que Cuba es un país maravilloso, el gran problema es, según él… “que aquí no podemos decir nada, no se puede criticar nada… el gobierno lo sabe todo…”, y ahí mismo, como ya estaba bien de sobre aviso, le pregunté: “y tú no tienes miedo de decir eso?”, y su simpática respuesta fue “¿miedo de qué?”… bueno, seguimos hablando y yo le dije que en realidad (se lo tuve que explicar…) él no sabe quién soy yo, que puedo estar trabajando para quizá qué organización… Pero miedo, lo que es miedo, no tiene. Así, me he ido dando cuenta de que hay más libertad de expresión de lo que uno cree… pero lo que, al parecer, no hay, es libertad de reunión y de organización.

 

 

Algunos mitos de Cuba

 

Al otro día fui a unos puestos de libros en la Plaza de Armas de La Habana, y, además de que es un placer por que la mayoría de los libros son de Historia, me di cuenta de que no todo lo que se vende allí está de acuerdo con el régimen… Aunque más del 50 por ciento de los libros están relacionados con la Revolución, el Che o Fidel, en una hora ví 15 o 20 “historias de la filosofía” donde salen todas las filosofías, las que estarían de acuerdo con el comunismo  y las que no; hay libros de Nietzsche, de Borges, en fin, vi una biografía que elogiaba a Francisco Franco, dictador derechista de España, y también, más directamente, el libro “El Fascismo” escrito por Benito Mussolini. Le saqué una fotografía al estante donde lo encontré.

 

 

La educación en Cuba

 

También pude revisar los libros con los que estudian aquí los jóvenes: totalmente a favor del gobierno, aunque sólo un poco más notoriamente que los libros de estudio chilenos que claramente interpretan la historia como lo quiere la Concertación, que estuvo 20 años en el poder en Chile. Siguiendo con el tema de la libertad de expresión, insisto en que es más de lo que cualquiera cree: a la noche estuve comiendo en un restaurante donde pusieron música que, entre canción de amor y canción de amor, sonaba una de protesta contra el gobierno, así de simple, y de forma bastante directa, y se escuchaba en toda la cuadra, y había gente de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) en la esquina. Las canciones eran bastante duras y directas: recuerdo como si fuera ahora un ritmo que se me pegó:

 

“por que el pueblo cubano sufre y calla, Que se vaya luego, que se vaya…”

 

Habían otras que elogiaban a los que se van de la isla, en fin, de que hay músicos de protesta sabía un poco más, creo que el grupo “Buena Fe”, critica al gobierno y llena teatros aquí. Eso sí, otra cosa es ver los videos en internet y otra es estar bajo el parlante que está criticando tan directamente al régimen mientras a dos metros pasa uno de la Policía Nacional Revolucionaria. Casi al final de los 31 días que pasé aquí, pude entender la que me parece que es la postura política de la mayoría en Cuba: están a favor de los ideales y objetivos de la revolución, pero critican bastante la forma en que se han llevado a cabo.

 

La pobreza y la falta de recursos de los cubanos

 

Lo otro extraordinario es la pobreza y la estrechez en la que vive una parte de la población, bastante más dura de lo que creía. A muchos no les alcanza para pintura o cemento o para reparar sus casas, algunos no tienen todos los muebles que necesitan. Por lo tanto, la gente que vive en casas así, en esas condiciones, se ven muy, pero muy mal. Eso sí, no hay barrios enteros así, ni por asomo, pero son muchos casos.

 

 

 

En cierta forma, es otro estilo de vida. También hay mendigos, gente que pide en la calle, en general, muy viejos o lisiados, pero sí los hay, lo recalco por que he leído mil veces por parte del gobierno cubano que dice que no los hay. Lo que sí parece ser cierto, es que efectivamente no hay niños trabajando en ninguna parte. Con el tiempo me fui dando cuenta que muchos de esos mendigos son verdaderos impostores, que incluso los cubanos les tienen un nombre: “bandoleros”. Creo que en total, en todo el mes en que estuve en Cuba, habré caminado cientos de kilómetros, por lo menos 8 o 10 por día, en varias provincias, a toda hora, en la noche, en la madrugada, y nunca vi a nadie viviendo en la calle. Tampoco hay familias comiendo en los basureros, cuando cae la noche no andan hordas buscando comida como en Buenos Aires, París, Nueva York, Tokio o Londres. Y los basureros están rebosantes; yo estube viviendo en Habana Vieja, en el centro, un lugar casi el más turístico, pero al mismo tiempo uno de los sectores donde hay más pobres. Siempre hay un basurero rebosante a 20 metros de aquí, y todas estas noches no pasa nada, por que no existen esos grupos de cartoneros o peor, de gente desesperada que hay en otros países.

 

 

La felicidad de los más pequeños

 

La situación de la infancia es de lo mejor que he visto aquí; los niños llevan una infancia que no sabría cómo describir, son infinitamente más alegres que los niños de Chile o de otros países, andan cantando por la calle cuando caminan solos, a veces vuelven del colegio en grupos, saltando, cantando himnos (sin adultos que los guíen), jugando al eco, aplaudiendo, cuando pasan cerca de una casa donde suena música se ponen a bailar,(eso lo grabé) es un espectáculo cuando andan juntos con uniforme escolar. Y cuando andan de a dos o tres también, se tiran cáscaras de fruta, es un deporte nacional, se persiguen, juegan en la calle hasta quizá qué horas, por lo menos he visto hasta las 2 de la madrugada seguro.

 

La religión en Cuba

 

En estos tres primeros días, apenas he conocido sólo el caso histórico. Los cubanos te conversan en casi cada ocasión. Ni bien llegado, me topé con una iglesia cristiana ortodoxa griega, y otra vez tropecé con la misma piedra: así como en Tacna (Perú), presencié un culto musulmán sin querer, por que en Coquimbo (Chile), había visto una mezquita turística y creí que esa de Tacna también lo era, ahora vi entrar a dos turistas al patio y otra vez pensé que era una iglesia turística, y sin querer estaba dentro de un culto ortodoxo. Ya que estaba ahí, lo presencié. Es todavía más aburrido que el católico. Es solemne, y todo adornado con imágenes de santos, todo detallista, rococó, en definitiva, bizantino. Se rezó por los que financian la iglesia, por los que permitieron su construcción (Fidel, según lo que dice afuera), y por los que piensan distinto a los ortodoxos (Fidel y sus amigos, presumiblemente).

 

 

La gastronomía en Cuba

 

Al principio tuve problemas con la comida en la calle; no encontraba donde comprarla, si no fuera en los carísimos restaurantes. Y para colmo, pasaban por mi lado cubanos comiendo pizza. Estuve a punto de pedirles un pedacito. Sentí envidia de las palomas. Pensé que iba a ser un problema durante todo el viaje, todo por que alguien había hecho un comentario erróneo y a mí me daba vueltas en la cabeza ese comentario, y sentía envidia, y no de la sana, de las palomas. Pero ahora conozco los lugares, sé donde comprar en moneda nacional, donde compran los cubanos: Una pizza individual,  20 centavos de dólar; un sándwich, 12 centavos de dólar; un jugo, 5 centavos de dólar.  El sistema es así: casi todo el sueldo de los cubanos se lo queda el gobierno, creo que el 90 o 95 por ciento del sueldo, y con eso el gobierno subsidia lo que considera más importante,  por eso los precios en moneda cubana son difíciles de creer en muchos casos.

 

El diario cuesta menos de un centavo de dólar. La entrada a los museos, entre 15 y 30 centavos de dólar (para los turistas, entre 4 y 8 dólares). Lo malo es que la lata de cerveza sale 40 centavos de dólar para cubanos y turistas por igual. Entonces, el sueldo mínimo que gana un cubano son 15 dólares, por que todo el valor de lo que produce o de sus servicios se lo lleva el estado, y lo devuelve ya saben como, con salud, con educación gratis, y como ahora saben, con algunos precios que son más que nada simbólicos, como la luz, el gas, el agua (se nota que todos derrochan esos productos), o la vivienda, ya que la mayoría nunca paga y nunca ha pagado ni un centavo por su vivienda. Hay cortes de luz programados para ahorrar, también a veces se corta el agua.

 

 

¿Es seguro viajar a Cuba?

 

Bueno, quisiera contarles también otras cosas extraordinarias. La seguridad es algo increíble, se puede andar a toda hora por las calles. Ahora sé que nunca en la vida me había sentido seguro. Y no es que la policía sea efectiva, o que las penas sean altas. Lo que pasa es que aquí casi no hay violencia. He visto con mis propios ojos que hay gente que está con la puerta abierta de sus casas, uno puede mirar hacia adentro lo que están haciendo. La misma casa donde estuve esos días nunca la dejé cerrada con llave, y la puerta de la casa el día que llegué no funcionaba bien la cerradura. No digo que no hay robos, pero son raros, muy raros, y nadie anda con armas blancas ni mucho menos de fuego. Un cubano que conocí en Chile, Noel, me decía, tratando de recordar, “que una vez hubo un asesinato… pero fue por motivos pasionales…” Esa seguridad se vive, y los cubanos reaccionan asombrados cuando uno les cuenta como es Chile, que la gente anda insegura, que hay familias que acortan sus vacaciones por que no quieren dejar la casa sola, que hay barrios donde la policía casi no puede entrar.

 

Y aquí, los cubanos están hasta cualquier hora en la calle conversando; siempre, a toda hora, hay muchísima gente conversando en la calle, alguno que trabaja en un puesto o en reparación o en comercio o construcción, se rodea de amigos y se ponen a conversar  animadamente, como son todas las conversaciones aquí, por eso siempre hay ruido en las calles, y la gente es muy animosa. Tengo una grabación sobre eso, se pueden contar, en dos cuadras, no sé si unos 7 o más grupos de gente conversando. Se saludan a cada rato con transeúntes; se forman grandes grupos de discusión. Todo esto está lleno, llenísimo de vida. Todo el mundo es amigable. Por primera vez he caminado seguro por las calles de noche, y eso es una sensación muy distinta, no tiene precio. He visto cada cosa que hubiera sido imposible imaginar… y tengo la impresión de estar  frente a otra especie de humanos.

 

 

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