Madagascar, la isla más grande de África

Madagascar
Madagascar

Madagascar pertenece geográficamente a África, pero los malgaches, de fuerte sustrato indonesio y polinesio, se consideran tan africanos como un canario. Su nombre proviene de “Al madina gaskaria” que en árabe significa “la ciudad bonita“.

 

La religión y las tribus en Madagascar

 

A pesar de que la mayoría del país profesa la fe cristiana (excepto una pequeña comunidad musulmana en el norte) aún quedan tribus animistas cuya conversión al monoteísmo se disputan, sin mucho éxito, los diferentes obispados del país. Es el caso de los zafimaniry, una etnia de 25.000 personas que viven en pequeños poblados aislados del bosque de Tanala, los más lejanos, a más de una semana de caminata. Son famosos en todo el país por su habilidad para trabajar la madera: puertas, sillas, muebles y contraventanas engarzadas sin clavos ni piezas metálicas y talladas con motivos geométricos inspirados en la naturaleza, como telas de araña y colmenas. Esta capacidad de plasmar su particular cosmogonía a través de la artesanía les ha valido el reconocimiento como Patrimonio Oral e Inmaterial de la Unesco. Los zafimaniry elaboran unos curiosos cuchillos de doble empuñadura que se cierran formando un solo mango, cuyo tamaño varía desde una navaja hasta un bastón.

 

Sus vecinos, los betsileos (católicos ultraconservadores) siempre llevan uno de estos cuchillos escondidos bajo sus mantas de colores, para protegerse de los ladrones de ganado o, en su defecto, para robarles a otros el ganado. Los betsileos son la punta de lanza de la Iglesia Católica en su campaña para convertir a los pueblos animistas. De momento han logrado rascar la superficie.

 

En Antoetra hay una iglesia cerrada la mayor parte del año. En los días de fiesta, los vecinos animistas abarrotan el templo, más que por fervor religioso, por el espectáculo que supone el ritual católico en un pueblo sin cine, ni circo ni televisión. Para ceremonias religiosas prefieren la columna de piedra rematada con cuernos de cebú, en donde se realizan los sacrificios de este sorprendentemente sabroso animal.

 

 

Camaleón de Madagascar

 

 

La naturaleza en Madagascar

 

 

El Parque Nacional de Isalo es un macizo de 120 km de largo clavado en mitad de la sabana. En su interior hay angostos desfiladeros, pozas naturales bañadas por cascadas y bosques con lemures. En lo alto, una meseta yerma flanqueada por picos de piedra caliza horadados a capricho y, de repente, un oasis con una piscina que parece diseñada especialmente para un spa de Dubai. En el camino, atento a los Pachypodium pasyphodium (una planta que recuerda a un baobab diminuto), a los insectos rama, lemures, camaleones…

 

En los bosques y en las selvas los lemures abundan como mosquitos. Hay muchas variedades, aunque la más resultona es el lemur de cola anillada, con su característico hocico de zorro y su enorme cola a franjas negras y blancas, que supera en tamaño a su propio cuerpo. Los mejores sitios para verlos son la reserva de Anja y el Parque Nacional de Berenty. Su supervivencia se debe, en parte, a la superstición: comer carne de lemur es uno de los numerosos fadys (tabúes) que regulan la sociedad malgache.

 

El orígen de Madagascar

 

La isla de Madagascar se separó de África hace 92 millones de años, pero los primeros humanos llegaron hace sólo 2.000 años. Su tardía colonización, unida a su aislamiento insular, explican la existencia de muchos animales endémicos: hay numerosas especies de camaleones, ranas, boas…, todas ellas hábiles maestras en el arte del camuflaje, como demuestran los fabulosos insectos rama.

 

 

 

 

 

Si quieres llevarte una idea parcial pero hermosa de la ciudad, basta con pasear por Haut Ville o el barrio de Isoraka, en donde la colonia de expatriados intenta combatir la nostalgia y los frecuentos apagones del resto de la ciudad, cenando en elegantes restaurantes y comprando en tiendas delicatessen en las que puedes encontrar todos los productos de París.

 

Otra curiosidad de este paraíso es su lengua, ya que el malgache es uno de los pocos idiomas del mundo que utiliza la eñe.

 

Mitos y leyendas de Madagascar

 

En Madagascar, refugio de bucaneros, se sitúa el mito de la república pirata de Libertalia, descrita en 1728 en la Historia general de los robos y asesinatos de los más notorios piratas, del capitán Charles Johnson, como un paraíso de esclavos liberados y piratas llegados de todos los rincones del mundo para vivir en libertad. No está claro si el libro se refería a hechos verídicos o si es un manifiesto político de las ideas utópicas y libertarias del siglo XVIII. En cualquier caso, la historia acaba mal, con los vecinos malgaches atacando y destruyendo la utopía libertaria.

 

Hay algo que une a todas las tribus de Madagascar, independientemente de su fe u origen étnico: la circuncisión y el ritual del regreso de los muertos, el famadihana, que pese a su lúgubre nombre se refiere a una emocionante ceremonia en donde no faltan la comida, la música o el alcohol. Cada dos o siete años (la frecuencia depende de la tribu y de la riqueza de la familia) se exhuman los cuerpos de los antepasados, se les cambia el sudario y, en ocasiones, se les pasea por el pueblo para ponerles al día de todas las novedades acaecidas en su ausencia: nacimientos, matrimonios, etc…

 

Por si todo esto no fuera bastanta, Madagascar es un país rico en zafiro.

 

 

 

 

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